En el corazón de una rosa

Aquí os dejo mi participación a la iniciativa #AntologíaGenderless #ElGéneroNoImporta. Espero que os guste.


En el corazón de una rosa

Pidió una rosa, una de esas que antes florecían en su jardín. A pesar de que sabía que probablemente ya nadie lo cuidaba, que la casa hacía mucho que había quedado vacía mientras su cuerpo yacía en esa cama, incapaz de sostenerse, incapaz muchas veces de comprender dónde estaba, con la única visión de la blancura de las paredes y el pitido de los aparatos médicos.

La rosa. Su visión seguía apareciendo de vez en cuando en su mente, como una constante, como un secreto que debía desvelar. La rosa sería la llave, aquello que esparciría la bruma que poblaba su mente devolviéndole los recuerdos, devolviéndole su esencia. Tenía que ser así, tenía que ser por eso por lo que, cuando todo se volvía borroso, esa rosa se mostraba nítida, con las gotas de rocío lanzando destellos bajo la luz del sol.

Así que seguía insistiendo, farfullando palabras que no sabía si lograban hacerse entender, pidiendo su rosa a cualquiera que entrase en la habitación. No sabía quiénes eran aquellas personas que cuidaban su cuerpo, le daban papillas y cambiaban sus ropas y su cama. Ni aquellos que simplemente aparecían, se sentaban un rato a su lado escuchando sus balbuceos con una sonrisa triste y luego se iban. De vez en cuando le hablaban, le explicaban cosas de su vida anterior, de personas que alguna vez había conocido, y sus palabras despertaban algo en su interior, algo que no llegaba a cristalizar, que se desvanecía entre la bruma una vez más. Otras veces escuchaba sus voces, pero no llegaba a comprender lo que decían, aumentando su pena, su frustración. Si pudiese hacer que entendieran, si pudiese conseguir su flor…

—¿Qué murmura constantemente? —Alguien junto a su cama acercó el oído a sus labios y escuchó—. ¿Rosa?

—Sí, últimamente es lo único que dice, y lo hace sin cesar.

—¿Es un nombre? ¿Un pariente, quizá?

—Nunca ha venido nadie de visita con ese nombre. Creo que se refiere a la flor. Por lo visto solía vivir en una casita con jardín. Tal vez tuviese rosales allí.

Y de nuevo la habitación vacía, el pitido constante, las paredes blancas, el tiempo que pasa monótono, entre brumas, repitiendo al vacío la misma palabra una y otra vez. La oscuridad que precede a la luz que se torna de nuevo en oscuridad, dentro y fuera de la habitación. El paso de un tiempo que ya no siente, que ya no importa, porque lo único que importa es esa palabra que nadie puede, que nadie quiere escuchar.

Sin embargo, vuelve la claridad, y con ella una nota de color. Algo de un rojo brillante sobre el blanco interminable. Extiende la mano temblorosa y lo atrae hacia su rostro. Algo cae al suelo y se rompe, pero carece de toda importancia. El tacto suave, aterciopelado entre sus dedos, el aroma intenso, fragante: es real, es su rosa. Aspira con todas las fuerzas que sus pulmones conservan mientras hunde en ella la nariz. Y allí están todos: sus rostros, sus voces, sus risas jugando en el jardín, sus nombres, los momentos vividos y largo tiempo perdidos entre la bruma que se disipa con cada inspiración, con cada nota de ese perfume añorado y olvidado que poco a poco le devuelve su ser.

A su alrededor, el pitido de las máquinas se vuelve estridente y monocorde y la habitación se llena de personas que corren, gritando y pisando los cristales y el agua del jarrón que ha roto sin saberlo. Sobre la cama, con la rosa entre las manos, queda un cuerpo vacío, con una sonrisa suave y relajada en el rostro, que ya no le pertenece. Ahora vive con los recuerdos reencontrados y nunca más se perderá.

4 comentarios

  1. No me canso de leerlo. Es sencillamente precioso, profundo y desgarrador. Refleja totalmente la esencia de la #AntologíaGenderless y logras plasmar de forma sublime un tema complicado. Aun siendo tan corto, es muy intenso.

    Enhorabuena.

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